No resulta nada fortuito ni azaroso que cada primero de mayo, en muchos países del mundo esta fecha sea dedicada a las trabajadoras y trabajadores

Lo cierto es que, detrás de lo que se ha transformado en una celebración o bien un día de descanso irrenunciable como lo es en Chile, yace uno de los capítulos más sangrientos en la historia por la lucha de los derechos de los trabajadores.

La historia se remonta, tal como si de una película se tratara, al año 1886 en la ciudad de Chicago (EEUU), conocida por ser locación de los más importantes auges industriales en ese país en la época, sin olvidar que parte de la masa trabajadora obrera estaba conformada en un gran número por mujeres y niños.

En este contexto, tras años de discusiones y ante la amenaza de una huelga general, el año 1886 entra en vigencia la que popularmente se denominó Ley Ingersoll que fijaba una jornada de trabajo de 8 horas diarias y que respondía a lo que fue una premisa generalizada en las demandas: “ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño, ocho horas para la casa”.

Sin embargo, pese a que parecía ser un gran logro, en la práctica muchos de los Estados, a la hora de dictar sus propias leyes para hacer efectivas las jornadas de 8 horas, fijaron además la posibilidad de que los empleadores pudieran exigir a los trabajadores desempeñarse en jornadas de hasta 18 horas diarias.

Así, al no hacerse efectiva la limitación de las jornadas a 8 horas diarias, la convocatoria a una huelga general se hizo efectiva el 01 de mayo, con más de 400 mil obreros en aproximadamente 5.000 huelgas simultáneas en los Estados Unidos.

La jornada vivió su punto más álgido en lo que luego se denominó “La Masacre de Haymarket” en Chicago, lugar en que se reunieron más de 80.000 trabajadores y terminó con la muerte de muchos de ellos, a raíz de enfrentamientos con la policía, luego de que se produjera un atentado cuya autoría nunca pudo ser determinada.

A raíz de estos hechos, en junio de 1886 se inicia un juicio en contra de 31 obreros acusados de iniciar la revuelta, el que terminó con 8 trabajadores condenados, 3 de ellos a prisión y 5 a la horca, estos últimos fueron ejecutados en noviembre de 1887.

Más tarde, en 1889, en París, en la celebración del congreso de la Segunda Internacional, se declara el 01 de mayo como el Día del Trabajo en conmemoración de “Los Mártires de Chicago”.

Cinco años después, el Estado de Illinois declara la inocencia de los 8 obreros condenados, ordenando la liberación que los que se encontraban en prisión.

Hoy, a 134 años de los hechos que dan origen a la fecha que conmemoramos, surge la necesidad de analizar con la debida perspectiva si hemos logrado efectivamente avanzar en la construcción de una economía sostenible, que no sólo propenda a la generación de recursos de manera vertiginosa.

Resulta entonces del todo legítimo preguntarse ¿Es hoy el desarrollo económico fuente de prosperidad o agrava las desigualdades e injusticias?

Luego, resulta que, si nos detenemos un segundo a idear una respuesta a este interrogante, no podremos evitar llegar a pensar que, si el mundo del trabajo está regido por esta paradoja la situación es aún más compleja si tratamos de resolver el acertijo desde la perspectiva del creciente universo de mujeres trabajadoras.

Entonces, nos encontramos ante una doble problemática. Ya no sólo se trata de entender e intentar abordar el problema desde la perspectiva de los derechos laborales, sino que hemos de tener en todo momento presente la necesidad de la integración de la perspectiva de género en el mundo de trabajo, de forma tal de no agudizar aún más la desigualdad y discriminaciones arbitrarias que día a día millones de mujeres deben sortear por el solo hecho de pertenecer a la sociedad.

Daniela González
Abogada Laboralista
Defensoría de la Mujer.