Sin duda, la pandemia nos ha movilizado a todos/as y se ha caracterizado por ser un período que despierta incertidumbre, ansiedades y fantasías. Particularmente, como psicóloga clínica, he sido testigo de lo que ha traído esta “crisis sanitaria” a las familias chilenas y, específicamente, a las madres e hijos/as de esas familias. Por esto, me parece importante abrir la reflexión sobre las necesidades particulares que presentan estos grupos.

En cuanto a la población infanto-juvenil, históricamente han sido un grupo del que se habla poco, que se ignora y olvida… como si en el mundo habitáramos solamente adultos/as. Pese a los incansables esfuerzos de diversos sectores por visibilizar esta etapa, la gran y única discusión pública actual (de adultos/as) es “¿cuándo deberían volver los/as niños/as al colegio?”. Quedando la infancia/adolescencia relegada al aprendizaje escolar únicamente.

En paralelo, encontramos madres partícipes en una sociedad donde persiste una brutal inequidad de género, donde aumenta la violencia contra la mujer durante la crisis sanitaria y, en relación al tema de esta columna, donde se les han delegado históricamente las labores asociadas a la crianza.

Durante este período, podrían identificarse una serie de cambios en los/as niños/as y adolescentes, los que podrían ser conductuales, emocionales, relacionales y/o relativos a la regulación del ciclo de sueño y la alimentación. Es esperable encontrarnos con niños/as más demandantes (lo que genera frustración en cuidadores), cambios en la relación con adultos/as, aburrimiento, mayor utilización de pantallas, dificultades para mantener una rutina, aislamiento o “aplanamiento” en adolescentes, entre otros. Incluso, podrían presentarse alteraciones en los ciclos de sueño, aumento o disminución en la ingesta de comida, conductas regresivas como enuresis o encopresis. Sin embargo, es difícil agrupar o enumerar estos síntomas, puesto que pueden ser muy diversos según la particularidad de la experiencia de cada individuo.

Desde mi punto de vista, un elemento crucial para la prevención y cuidado de la salud mental, son los vínculos saludables y protectores entre los niños/as y sus cuidadores principales, donde estos se encuentren efectivamente disponibles para el niño/a. Disponible física, psíquica y afectivamente, siendo capaz de reflejar sus estados emocionales, contener, facilitar que participe en las decisiones que lo/a involucran. En definitiva, dar un lugar, subjetivar la experiencia del niño/a o adolescente.

Esta imperiosa labor, se da un contexto donde son las mujeres quienes se constituyen generalmente como las cuidadoras principales y quienes cumplen con una multiplicidad de roles: predominan en la crianza (encargadas del aprendizaje escolar, salud -física y mental-, esparcimiento, necesidades nutricias y afectivas de sus hijos/as), realizan actividades no remuneradas (labores domésticas o cuidado de terceros) y remuneradas marcadas por la inequidad de género. ¡Ah! Y se ocupan de su cuidado, tiempo y crecimiento personal.

¿Cómo mantener relaciones contenedoras y subjetivantes con los/as niños/as si la principal figura de cuidado se encuentra bajo condiciones de estrés y presión significativas? Desde mi punto de vista, ese es el principal desafío para la crianza. Lo que significa que la emergencia no es sólo sanitaria y que la discusión no debería centrarse únicamente en la economía del país y la salud física de sus habitantes.

Me preocupa que el manejo de la pandemia en Chile no incluye la salud mental como un eje central, es frío y distante a la realidad en la que vive la mayor parte de los/as chilenos/as y los principales debates que escuchamos son generalistas. Como si todas las familias contaran con las mismas condiciones. Como si todos/as los niños/as y adolescentes pudieran continuar con sus procesos formativos o como si no tuvieran opinión. Como si todas las mujeres debieran cumplir de manera natural y sin reparos con la sobrecarga de tareas que se les asignan y contaran con lo suficiente para satisfacer necesidades de sus hijos/as y las propias. Como si las dificultades familiares fueran responsabilidad exclusiva de estas y no fueran expresión de legados socioculturales.

Entonces, en relación a los/as niños/as y adolescentes en cuarentena (título de esta columna), me pregunto: ¿el desafío es sólo respecto a la crianza y a quienes la ejercen? Y si el desafío nos involucra a todos y todas, ¿cómo nos haremos cargo?

Myriam Madrid R.
Psicóloga.
Defensoria de la Mujer.
Fundación

Un Comentario

  • Avatar Daniela dice:

    Excelente reflexión. Gracias por compartir tu análisis. Creo que logras hablar y poner de relieve la situación de niñas, niños, adolescentes y mujeres, que sobre todo en el contexto que vivimos hoy ven intensificada la invisibilización y desigualdad que deben padecer día a día en nuestra sociedad, sobre todo considerando el impacto que esto tiene en la salud mental.

    Saludos!